jueves, 16 de septiembre de 2010

Las Campañas de José María Morelos y Pavón

Entramos hoy a la segunda parte más fuerte del movimiento, y personalmente, una de mis favoritas. A partir de este momento, aparece José María Morelos y Pavón en escena, debido a lo cual, a esta parte del movimiento se le conoce como: “Las Campañas de Morelos”.

José María Morelos inició su campaña en Carácuaro con solo veinticinco hombres. Su ejército fue incrementando paulatinamente, pero la estrategia militar de Morelos fue diferente a la de Hidalgo: su ejército nunca superó los seis mil hombres, los cuales eran disciplinados y tenían armamento adecuado. Después de avanzar por Petatlán, a su campaña se unieron Juan José, Pablo y Hermenegildo Galeana en Técpan. Su marcha continuó por Atoyac y Coyuca llegando al puerto de Acapulco, lugar que intentó tomar por asalto infructuosamente a finales de 1810. Poco después, Calixto, Leonardo, Máximo, Miguel, Víctor y Nicolás Bravo se le unieron en Chichihualco, así como Vicente Guerrero durante la Batalla de El Veladero.

Entre febrero y abril, en esta zona, los insurgentes contaban con dos mil quinientos hombres, los cuales fueron distribuidos en Sabana, el Aguacatillo, Veladero y las Cruces. Debido a que Cosío no pudo derrotarlos, el virrey lo sustituyó por Juan Antonio Fuentes, pero también fue arrollado a principios de mayo cuando Morelos decidió abandonar el asedio de Acapulco para avanzar hacia Chilpancingo. En las plazas de Chichihualco, Chilpancingo y Tixtla las fuerzas virreinales fueron derrotadas. Fuentes persiguió a Morelos, pero fue derrotado nuevamente en Chilapa, añadiéndose la plaza a las dominadas por los Insurgentes.

Morelos continuó su avance desde Chilapa. Además, el cura de Carácuaro dividió su ejército en tres columnas. Una, al frente de Miguel Bravo, avanzó a Oaxaca. En su camino hacia el sureste, Bravo tomó Acatlán y Huajuapan. Otro brazo, al mando de Hermenegildo Galeana volvió a Taxco. El tercer grupo insurgente, encabezado personalmente por Morelos, tomó la plaza de Chiautla. El 17 de diciembre en El Calvario, juntos derrotaron a fuerzas virreinales comandadas por Soto Maceda, quien fue herido de muerte durante el combate. Morelos finalmente no avanzó hacia Puebla, pero, siguiendo al occidente, el 9 de febrero de 1812 conquistó la villa de Cuautla para la causa insurgente.

En febrero, Félix María Calleja fue comisionado por el virrey Vanegas para que terminara de una vez por todas con el ejército de Morelos. Calleja esperaba vencer con facilidad a los insurgentes, sobretodo estando en ventaja numérica, y, siendo los rebeldes un puñado de guerrilleros sin instrucción militar. De esta forma inició el Sitio de Cuautla.

En Cuautla, después de setenta y dos días de sitio y combates, ninguno de los bandos fue capaz de imponerse. Los realistas habían fracasado en su intento de recuperar Izúcar, pero el 2 de mayo pudieron romper el sitio de Cuautla, evacuándola para evitar una masacre de civiles. En la defensa final de esa plaza participaron también los propios habitantes de la villa. Durante las acciones militares del sitio murió el hijo del antiguo intendente de Guanajuato, Gil Riaño, y fue capturado Leonardo Bravo, a quien se le trasladó a la Ciudad de México, donde fue ejecutado meses más tarde usando el garrote vil. Habiendo desalojado Cuautla, las tropas de Morelos se dispersaron hacia el oriente, rumbo a Izúcar y Chiautla.

Nuevas rebeliones insurgentes dirigidas por Juan Nepomuceno Rosáins, Máximo Machorro, Camilo Suárez y Vicente Gómez se, las cuales fueron combatidas por el brigadier realista Olázabal. Mientras tanto, Valerio Trujano fue atacado desde el 5 de abril durante el Sitio de Huajuapan por el general realista José María de Régules Villasante. Morelos fue informado de la situación en la que se encontraba Trujano, de inmediato acudió al lugar logrando romper el sitio el 24 de julio, el cual tuvo una duración mayor a cien días. A finales de septiembre las fuerzas de Morelos prosiguieron su avance hacia Tepeaca y Tehuacán.

Trujano fue atacado y derrotado por el capitán realista Saturnino Samaniego en el rancho de la Virgen en las inmediaciones de Tepeaca. El insurgente, que había resistido el largo sitio de Huajuapan, murió el 7 de octubre. El 28 de octubre, Morelos logró con éxito la Toma de Orizaba, provocando la huida del coronel José Antonio Andrade, pero abandonó el lugar el 31 de octubre al saber que un contingente dirigido por el coronel Luis de Águila se aproximaba a la ciudad. Morelos concentró sus fuerzas en Tehuacán, contando con cinco mil hombres y cuarenta cañones bajo los mandos de Mariano Matamoros, los tres Galeana, Miguel y Víctor Bravo, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, y Manuel Mier y Terán. Juntos marcharon hacia Oaxaca el 10 de noviembre de 1812.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Inicio de la Etapa de Organización

El tema de hoy, miércoles, es el inicio de la segunda etapa de la guerra de independencia, llamada Etapa de Organización, y abarcadan desde que Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de las fuerzas insurgentes en Saltillo el 16 de marzo de 1811 (poco antes de que Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y otros jefes insurgentes fueran presos y ejecutados en el norte de México). Durante esta época, el movimiento independentista no sólo realizó acciones bélicas, sino que se dotó a sí mismo de una estructura y un cuerpo jurídico.

El movimiento insurgente fue respaldado por las clases bajas, especialmente los campesinos. Los hombres se juntaban en grandes turbas armados con hondas, flechas, lanzas, palos y piedras. Se reunían espontánea y transitoriamente con los jefes insurgentes para oponerse al ejército virreinal y ocasionalmente surgía un líder entre ellos. En las batallas llegaron a participar comanches y lipanes, al igual que esclavos negros. Solamente los esclavos de algunas haciendas siguieron fieles a sus amos. Aquellos que poseían caballos, generalmente miembros de las castas, arengaban a los indígenas labradores para unirse al movimiento, un poco mejor armados. Casi la totalidad de las fuerzas bajo el mando de Ignacio López Rayón eran indios flecheros de El Bajío, las de José María Morelos estaban compuestas por negros y mulatos del sur, algunas veces soldados del ejército virreinal que habían sido vencidos y miles de campesinos apenas armados los cuales eran de gran ayuda en los trances difíciles. A medida que avanzó el movimiento, la clase media de las ciudades comenzó a simpatizar con los insurgentes.

Ignacio López Rayón había sido uno de los secretarios de Estado nombrados por Miguel Hidalgo cuando éste intentó organizar un gobierno insurgente durante su estancia en Guadalajara entre noviembre de 1810 y enero de 1811. Algunos documentos suscritos por Hidalgo en ese sitio y en momentos anteriores de la revolución fueron redactados por el propio López Rayón, por lo que se presume que tenía cierta influencia sobre Miguel Hidalgo.

Los tres mil quinientos hombres que formaban el remanente de la insurgencia marcharon hacia Michoacán bajo el mando de López Rayón y otros jefes. Durante el traslado se enfrentaron a los realistas, a quienes derrotaron en Puerto de Piñones y en Zacatecas.

Rayón y Liceaga determinaron que era necesario instaurar un Congreso o Junta conforme a los planes originales que se tenían en 1808 de gobernar de forma autónoma a nombre de Fernando VII, mientras el monarca fuese prisionero en Francia. Enviaron una carta dirigida a Calleja expresando estos objetivos, la cual fue entregada por José María Rayón. Aunque les ofreció el indulto, Calleja negó la posibilidad de entrar en negociaciones con los insurgentes para reconocer dicha junta.

Rayón inició una guerra de guerrillas, distribuyendo a José Antonio Torres en Pátzcuaro y Uruapan, al padre Navarrete en Zacapu, a Mariano Caneiga en Parindicuaro, a Manuel Muñiz en Tacámbaro, a Luna en Acámbaro y Jerécuaro, mientras él se instaló los primeros días de junio en Zitácuaro, donde contó con el apoyo de Benedicto López. El 22 de junio, el comandante español Miguel Emparán, al mando de dos mil hombres, atacó Zitácuaro, pero fue derrotado y los Insurgentes retuvieron la plaza.

De finales de julio a mediados de agosto, la revolución insurgente volvió a encenderse en Aguascalientes y Zacatecas. Cuando los virreinales fusilaron a los rebeldes Nájera y Flores Alatorre en Aguascalientes, la plaza fue tomada por el cura Ramos, Oropesa, Ochoa y Hermosilla, obligando al subdelegado Felipe Álvarez y al cura Terán a salir de la ciudad, quienes habían ejercido un breve gobierno despótico. El 25 de agosto, Calleja envió al coronel García Conde y al teniente José López a reprimir el nuevo brote revolucionario, después de ofrecer resistencia, los insurgentes se dispersaron en Nochistlán. El 21 de agosto, el coronel español Manuel del Río tomó la plaza de Colima, causando setecientas bajas a los insurgentes. Veinte días más tarde, los Insurgentes fueron nuevamente derrotados en Colotitlán, muriendo durante el combate trescientos hombres. En Tomatlán, Gallaga, a quien se le hizo responsable de la derrota, fue herido gravemente por un soldado de Sandoval. Poco después fue llevado frente a la parroquia, donde le dispararon nuevamente, muriendo en el acto.

martes, 14 de septiembre de 2010

Final de la Primera Etapa de la Guerra de Independencia

En la entrada del día de hoy, refiero como tema central el Final de la Etapa de Don Miguel Hidalgo y Costilla al frente del Ejército Insurgente. El momento clave del inicio de su declive fue el hecho de no haber querido tomar la Ciudad de México, como sugería Allende. Esto debido a las brutales matanzas que su ejército había dejado a su paso, sobretodo en el estado de Guanajuato.

Los insurgentes avanzaron hacia el valle de México. El 30 de octubre de 1810 los insurgentes derrotaron a los españoles en el monte de las Cruces, gracias a la estrategia de Abasolo, Jiménez y Allende. Al terminar la batalla, los insurgentes se apoderaron de armas y municiones del ejército realista, cuyos remanentes (incluyendo a Iturbide) huyeron a la Ciudad de México. Al día siguiente Jiménez y Abasolo fueron enviados a una negociación fallida con el virrey, que se negó a rendirse ante la inminente llegada de refuerzos. Hidalgo optó por volver a Valladolid, decisión que tensó más la relación con Allende y provocó la deserción de la mitad de la tropa.

En el camino a Valladolid, los realistas comandados por Félix María Calleja atacaron a los insurgentes en Aculco. La derrota de éstos últimos debilitó al contingente debido a las deserciones, la toma de prisioneros y la pérdida de armamento. Tras la batalla, los realistas saquearon la población. Por su parte, los insurgentes se dividieron en dos contingentes, Allende marchó con la mayoría a Guanajuato y el resto siguió a Hidalgo hacia Valladolid. Teniendo en cuenta la situación, los insurgentes se dividieron y el grueso de las tropas se volvió rumbo a Guanajuato; mientras apenas un puñado regresó con Hidalgo a Valladolid. Allí, el Generalísimo obtuvo el apoyo financiero de la Iglesia y nuevos seguidores.

Hidalgo finalmente se dirigió hacia Guadalajara y no a Guanajuato, como había acordado con Allende. La relación entre ambos se enfrío aún más, ya que Allende pensaba que Hidalgo se estaba dejando llevar por la plebe y había olvidado a Fernando VII. En Guanajuato, Allende fue derrotado por Calleja. Algunos habitantes de la ciudad asesinaron a ciento treinta y ocho españoles presos ante la inminente llegada de los realistas, que habían amenazado con la pena de muerte a quien hubiera apoyado a los insurgentes. Este acto desencadenó una matanza ordenada por Calleja. Allende pudo escapar de la masacre y se reunió en San Luis Potosí con Abasolo y Aldama. Más tarde todos ellos se reunirían nuevamente con Hidalgo.

Mientras, Hidalgo seguía en Guadalajara. Su intención era conformar un órgano de gobierno. Con tal propósito nombró a Ignacio López Rayón como ministro de Estado y a José María Chico como ministro de Justicia. Como jefe de este ógano, Hidalgo dispuso la abolición de la esclavitud en el territorio de la Nueva España el 6 de diciembre de 1810. Además envió a Pascasio Ortiz de Letona como ministro plenipotenciario ante el Congreso de los Estados Unidos para buscar una alianza militar y económica. En Guadalajara los españoles estaban conspirando para entregar la ciudad al ejército de Calleja. Sin juicio de por medio, Hidalgo ordenó la ejecución de los sospechosos en el cerro de la Bateas con la desaprobación airada de Allende y Aldama.

Ante la llegada de Calleja y el ejército realista, se celebró una junta de guerra. Allende e Hidalgo propusieron estrategias distintas, pero la decisión final fue de Hidalgo. Los insurgentes fortificaron el Puente de Calderón y allí se encontraron con el contingente realista al mando de Manuel de Flon y Félix María Calleja. Después de seis horas de combate, los insurgentes terminaron huyendo del lugar y Guadalajara fue ganada por los realistas. Los insurgentes se movilizaron a Aguascalientes. En Pabellón, Hidalgo fue relevado como Generalísimo y Allende condujo a la tropa rumbo al norte. La idea era conseguir el apoyo de las provincias septentrionales de la Nueva España y, posteriormente, de Estados Unidos.

Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de la insurgencia y volvió con una parte de la tropa a Michoacán. Los otros líderes y el resto de la tropa siguió el camino hacia el norte, y, en su paso por Monclova se encontraron por primera vez con Ignacio Elizondo, quien había sido simpatizante de la insurgencia. El 21 de marzo de 1811 fueron presos en Acatita de Baján (Coahuila) Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Los presos fueron fusilados en Monclova, y Chihuahua. Las cabezas de Hidalgo, Aldama, Allende y Jiménez fueron colgadas en las cuatro esquinas de la alhóndiga de Granaditas, permaneciendo a la vista de los habitantes hasta 1821.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La Toma de la Alhóndiga de Granaditas

En esta segunda entrada, refiero el inicio como tal del movimiento de independencia; tomando como tema central uno de los sucesos más crueles suscitados durante la primera etapa de la guerra: La Toma de la Alhóndiga de Granaditas, sucedida en Guanajuato Capital.

A partir de Dolores, el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo se movió a través de distintos puntos de la Zona del Bajío, una de las regiones más prósperas de la Nueva España. Como dato anecdótico, se dice que en Atotonilco tomaron un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, considerado popularmente como emblema del movimiento insurgente.

Llegaron a Celaya el 21 de septiembre de 1810, sumando alrededor de veinte mil hombres. Esta ciudad fue saqueada por los insurgentes, pese a que Aldama y otros soldados intentaron inútilmente contener a la masa. Tras este episodio, Hidalgo fue proclamado "Capitán General de América" por encima de Allende, que se quedó con el rango de teniente general. Después de apoderarse de las ciudades de: Salamanca, Irapuato y Silao; el ejército insurgente llegó a Guanajuato el 28 de septiembre. A partir de este momento, el movimiento de Hidalgo empezó a ser mal visto por las clases medias y altas, pues los líderes del movimiento eran incapaces de contener a su tropa. También por este mismo motivo comenzaron a hacerse cada vez más visibles las diferencias entre Allende e Hidalgo.

El apoyo al movimiento insurgente en Guanajuato era evidente. El pavor desatado hizo que el intendente, Juan Antonio Riaño, pidiera a la población resguardarse en la Alhóndiga de Granaditas, granero construido en 1800, y en cuya construcción había participado Miguel Hidalgo como asesor de Riaño. Tras varias horas de combate, Riaño fue asesinado y los españoles refugiados allí deseaban rendirse. Los militares al servicio del virrey continuaron la lucha, hasta que los insurgentes lograron entrar, para después masacrar no sólo a la escasa guardia que lo defendía, sino también a las numerosas familias refugiadas en él.

El combate dió inicio alrededor de las ocho de la mañana. Riaño veía que era imposible un triunfo de cualquier bando estando los realistas privados de cualquier movilidad, por lo que decidió salir junto a un puñado de hombres. Al darse los insurgentes de la presencia de Riaño, se ordenó un ataque al jefe realista, que al intentar defenderse pereció. Los soldados que salieron con el intendente se retiraron llevando el cuerpo consigo.

Al ver muerto al intendente, el asesor de Riaño consiguió un pañuelo blanco y lo ató a un fusil de un soldado caído en combate. Comenzó a ondear su nueva bandera de paz y, al verla, los insurgentes se dieron cuenta de que los españoles habían decidido rendirse. Hidalgo ordenó un alto al fuego y envió a Allende a negociar con los vencidos.

Barceló mató al licenciado que ondeó la bandera y subió a la azotea a continuar la lucha. Los insurgentes se dieron cuenta de que habían sido engañados y siguieron la lucha. Del lado insurgente, Hidalgo consideraba la posibilidad de tomar el edificio, pero no quería hacerlo y no contaba con recursos.

Según la versión oficial, fue entonces cuando Juan José de los Reyes Martínez, minero de La Valenciana, famoso por su fuerza y apodado El Pípila, solicitó a Hidalgo permiso para incendiar la puerta de la Alhóndiga, lo que permitiría a los insurrectos penetrar en ella. Tras meditarlo, el cura aceptó y El Pípila se lanzó a la acción.

Tras incendiar el umbral (reforzado con planchas de fierro) de la Alhóndiga, los rebeldes pudieron entrar en ella y se dieron a la masacre y el saqueo. Muchos españoles y criollos de alcurnia fueron despojados de sus pertenencias y sufrieron la muerte a manos de las multitudes. El saqueo de Guanajuato no se limitó únicamente a la Alhóndiga, sino que en los días siguientes se extendió a la ciudad y al área metropolitana. El 1° de octubre, las tropas insurgentes abandonaron Guanajuato.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Inicio de la Semana Bicentenaria

En esta primera entrada, tocaré el tema del inicio de la Guerra de Independencia, sin ir más allá, ya que en los próximos días iré completando poco a poco los episodios de esta, que es mi parte favorita de la Historia de México. Cabe destacar que inicio precisamente hoy, día en que empieza la “Semana del Bicentenario”, a raíz del orgullo que siento por el hecho de ser mexicano y poder vivir esta conmemoración tan importante a una fecha tan especial como lo es el día en que inició el movimiento libertador en México. Y, además de ser mexicano, puedo considerarme doblemente orgulloso por el hecho de ser sanjuanense, debido a que originalmente se había contemplado a la ciudad de San Juan de los Lagos para dar el Grito de Independencia. A continuación presento un breve relato que confirma esta información, hasta hace un tiempo conocido por solo unos pocos; y que llegó a considerarse únicamente como un MITO.

Actualmente, ya se sabe dónde está la carta escrita por Ignacio Allende, fechada el 31 de agosto de 1810, y dirigida a Miguel Hidalgo y Costilla; donde le comenta que el mejor lugar para dar el grito de independencia es la ciudad de San Juan de los Lagos durante su famosa fiesta de diciembre, ya que en este lugar tendrían una gran cantidad de adeptos.

Después de mucho trabajo y vueltas a diferentes ciudades, la citada carta fue encontrada en un museo de la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Las autoridades del INAH (Instituto Nacional de Arte e Historia) son las que tienen bajo su resguardo dicha carta, por lo cual se les solicitó fuera entregada al municipio de San Juan de los Lagos una copia digitalizada para su exhibición en la presidencia municipal, debido a la importancia que para este municipio representa dicho documento y así sea conservada como patrimonio histórico.

Aquí reproduzco el texto íntegro de la carta:

San Miguel el Grande, Agto. 31 de 1810

Señor Cura D. Miguel Hidalgo y Costilla.

Estimado Sr. Cura: Llegué de Querétaro y no había podido escribir a Usted porque no encontraba conducto de confianza que me satisficiera. El día 13 del presente, aniversario de la conquista de México, se dispuso que hubiera fiestas públicas, sin ocuparnos de ellas nos fuimos a la casa de los González, donde se trataron muchos asuntos importantes.

Se resolvió obrar, encubriendo cuidadosamente nuestras miras, pues si el movimiento fuese francamente revolucionario, no sería secundado por la masa general del pueblo, y el alférez real D. Pedro Septién robusteció sus opiniones diciendo que si se hacía inevitable la revolución, como los indígenas eran indiferentes al verbo libertad, era necesario hacerles creer que el levantamiento se lleva a cabo únicamente para favorecer al Rey Fernando.

En la junta que viene, voy a proponer que el levantamiento lo hagamos en San Juan de los Lagos, en los días de la Feria, donde sin estar desprevenidos en lo absoluto, nos haremos de buenos elementos; pero quiero antes, tan luego pueda, ir a ver a U. para obrar siempre de acuerdo en esta causa.

Deseo su buena salud y a Dios pido se le conserve y me repito su Apdo. afmo. y seguro servidor. q.ato. B. a U. S. Mo.

Ignacio Allende

Cabe destacar que originalmente el movimiento estaba planeado para comenzar el 2 de Octubre en San Juan de los Lagos, Jalisco. Pero, debido a denuncias hechas ante las autoridades por Mariano Galván, fue necesario adelantarla a septiembre.

La corregidora Doña Josefa Ortiz de Domínguez le avisó a Ignacio Pérez y a Aldama que la conspiración había sido descubierta; a su vez estos marcharon a avisarle a Allende, y en Dolores fue Don Miguel Hidalgo quien decidió iniciar la lucha inmediatamente.
En primer lugar, pusieron en libertad a los presos y posteriormente aprehendieron a los españoles que se encontraban en la población.

A las 5 de la mañana del 16 de septiembre de 1810 se llamó a misa, el pueblo acudido al llamado y con el grito ¡Mexicanos, viva México!, ¡"Viva la Virgen de Guadalupe"!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!; Hidalgo incitó al pueblo a levantarse contra los españoles. A este suceso se le conoce como "Grito de Dolores", y marcó el inicio de la Lucha por la Independencia de México. Espero que disfruten este Blog tanto como yo lo hago, ¡Saludos!