lunes, 13 de septiembre de 2010

La Toma de la Alhóndiga de Granaditas

En esta segunda entrada, refiero el inicio como tal del movimiento de independencia; tomando como tema central uno de los sucesos más crueles suscitados durante la primera etapa de la guerra: La Toma de la Alhóndiga de Granaditas, sucedida en Guanajuato Capital.

A partir de Dolores, el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo se movió a través de distintos puntos de la Zona del Bajío, una de las regiones más prósperas de la Nueva España. Como dato anecdótico, se dice que en Atotonilco tomaron un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, considerado popularmente como emblema del movimiento insurgente.

Llegaron a Celaya el 21 de septiembre de 1810, sumando alrededor de veinte mil hombres. Esta ciudad fue saqueada por los insurgentes, pese a que Aldama y otros soldados intentaron inútilmente contener a la masa. Tras este episodio, Hidalgo fue proclamado "Capitán General de América" por encima de Allende, que se quedó con el rango de teniente general. Después de apoderarse de las ciudades de: Salamanca, Irapuato y Silao; el ejército insurgente llegó a Guanajuato el 28 de septiembre. A partir de este momento, el movimiento de Hidalgo empezó a ser mal visto por las clases medias y altas, pues los líderes del movimiento eran incapaces de contener a su tropa. También por este mismo motivo comenzaron a hacerse cada vez más visibles las diferencias entre Allende e Hidalgo.

El apoyo al movimiento insurgente en Guanajuato era evidente. El pavor desatado hizo que el intendente, Juan Antonio Riaño, pidiera a la población resguardarse en la Alhóndiga de Granaditas, granero construido en 1800, y en cuya construcción había participado Miguel Hidalgo como asesor de Riaño. Tras varias horas de combate, Riaño fue asesinado y los españoles refugiados allí deseaban rendirse. Los militares al servicio del virrey continuaron la lucha, hasta que los insurgentes lograron entrar, para después masacrar no sólo a la escasa guardia que lo defendía, sino también a las numerosas familias refugiadas en él.

El combate dió inicio alrededor de las ocho de la mañana. Riaño veía que era imposible un triunfo de cualquier bando estando los realistas privados de cualquier movilidad, por lo que decidió salir junto a un puñado de hombres. Al darse los insurgentes de la presencia de Riaño, se ordenó un ataque al jefe realista, que al intentar defenderse pereció. Los soldados que salieron con el intendente se retiraron llevando el cuerpo consigo.

Al ver muerto al intendente, el asesor de Riaño consiguió un pañuelo blanco y lo ató a un fusil de un soldado caído en combate. Comenzó a ondear su nueva bandera de paz y, al verla, los insurgentes se dieron cuenta de que los españoles habían decidido rendirse. Hidalgo ordenó un alto al fuego y envió a Allende a negociar con los vencidos.

Barceló mató al licenciado que ondeó la bandera y subió a la azotea a continuar la lucha. Los insurgentes se dieron cuenta de que habían sido engañados y siguieron la lucha. Del lado insurgente, Hidalgo consideraba la posibilidad de tomar el edificio, pero no quería hacerlo y no contaba con recursos.

Según la versión oficial, fue entonces cuando Juan José de los Reyes Martínez, minero de La Valenciana, famoso por su fuerza y apodado El Pípila, solicitó a Hidalgo permiso para incendiar la puerta de la Alhóndiga, lo que permitiría a los insurrectos penetrar en ella. Tras meditarlo, el cura aceptó y El Pípila se lanzó a la acción.

Tras incendiar el umbral (reforzado con planchas de fierro) de la Alhóndiga, los rebeldes pudieron entrar en ella y se dieron a la masacre y el saqueo. Muchos españoles y criollos de alcurnia fueron despojados de sus pertenencias y sufrieron la muerte a manos de las multitudes. El saqueo de Guanajuato no se limitó únicamente a la Alhóndiga, sino que en los días siguientes se extendió a la ciudad y al área metropolitana. El 1° de octubre, las tropas insurgentes abandonaron Guanajuato.

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